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lunes 9 de enero de 2012

Arsenicosis

Arsenicosis

Capítulo III. Hogar.

El planeta se llamaba “Hogar” aunque en realidad no tenía un nombre pues para sus habitantes, los Observadores, se trataba sencillamente de eso, de su casa. Curiosamente su día tenía una duración muy similar a la de un día terrestre y su año estaba también compuesto por poco más de 365 días. Tenían verano, otoño, invierno y primavera en las regiones fuera del trópico y épocas secas y de lluvia en las regiones cercanas a lo que sería el Ecuador de “Hogar”. Blanco y la agencia espacial llegaron a la conclusión de que la posibilidad de que hubiera más vida en el universo ya no era tan remota como antes aunque estadísticamente continuaba siendo baja, sin embargo ya sabían hacia dónde mirar, había que buscar aquellos planetas que girasen en torno a un sol con ciclos muy parecidos a los de la Tierra y ahora a los de “Hogar”. Quizás se trataba de una conclusión apresurada pero en un campo que se había mostrado yermo y estéril durante tantos siglos de investigación este patrón parecía ser el más promisorio…

“Hogar” era un planeta, al igual que la Tierra, rico en agua pero se diferenciaba de ella en que no tenía grandes superficies de tierra sino que estaba salpicada por un enorme número de sistemas de islas y archipiélagos que formaban pequeños continentes insulares como era el caso de Oceanía en la Tierra.

Por supuesto el pueblo de Observadora no era el único que habitaba aquel distante planeta sino que había varias civilizaciones desperdigadas por todo ese mundo. La interacción de aquellas civilizaciones era limitada pues la navegación aún se encontraba en sus albores y aún se hacía siguiendo las costas pero de tanto en tanto un mercader ambicioso se aventuraba en aguas desconocidas y regresaba con éxito a su tierra natal portando historias asombrosas evidencia de la existencia de otras naciones.

Celare era el país en el que Blanco había descendido, se trataba de un país rico en donde la agricultura, el comercio, la navegación, las ciencias y las artes florecían. Al igual que los habitantes de la Tierra en lo que se consideraba los albores de la humanidad Celare tenía una religión politeísta en la que al observar con detenimiento las características de los dioses era claro que no eran más que una alegoría de todos aquellos fenómenos naturales que los pobladores eran incapaces de explicar. Se trataba de una sociedad matriarcal y monárquica en la que el poder soberano era ostentado por la reina y en la que el rey era el comandante de las fuerzas militares pero siempre al servicio de su señora. Equiparando Celare con la historia Terrestre podía decirse que en aquel nuevo mundo la civilización estaba en el esplendor de su edad de hierro.

La Observadora, como el equipo de la Tierra se refería a la mujer que primero se había dirigido a Blanco, resultó ser la recién erigida reina de aquel país… Observadora había ascendido al trono como consecuencia de la natural muerte de su madre al alcanzar una avanzada edad y aunque su padre continuaba siendo el rey y señor de los ejércitos el gobierno y la responsabilidad recaían en ella.

Observadora siempre estaba abierta a lo nuevo, dispuesta a aprender y vio en Blanco, si lo que decía era cierto, la oportunidad de adquirir nuevo y brillante conocimiento que podía redundar en beneficio de su nación así que tomó a Blanco de la enguantada mano y lo arrastró seguida por su sequito a su palacio de habitación.

El primer día Blanco descansó.

4 comentarios:

  1. Me recuerda muchisimo a Children of the Mind de Orson Scott Card.
    Suena bien.

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    1. Estoy buscando el libro pues la reseña me pareció interesante, además que toca el tema del alma y la transferencia de la misma de un cuerpo contenedor a otro...

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  2. Este es un enlace de Isaac Asimov imaginando el presente en 1988.

    http://www.youtube.com/watch?v=oIUo51qXuPQ

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    1. Quizás en lo único que falla esta predicción es en el deseo de aprender de la gente...

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