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sábado 10 de diciembre de 2011

Valledupar: Percepción de un Cachaco


Valledupar, Cesar. Octubre 16 de 2011.
Panorámica - Atardecer

Un minúsculo pueblito de polvorientas calles de tierra y blancas casitas de bareque frente a las que sus pobladores se acunan cadenciosamente en sus mecedoras, inmersos en el sopor de un inconmensurable calor que lo aletarga todo, que lo reseca todo, que hace excesivo hasta el más mínimo esfuerzo perlando inevitablemente la cara de sudor era la imagen que tenía casi de cualquier población de tierra caliente en el territorio nacional poniendo de manifiesto mi extremo desconocimiento e ignorancia, dos cosas que no podían conducir sino a imágenes preconcebidas, a prejuicios, las mismas preconcepciones que normalmente encuentro hilarantes, a pesar de ser altamente ofensivas, en las referencias a Colombia del cine hollywoodense.

El avión aterrizó hace ya dos o tres meses en el aeropuerto a eso de las 11:30 de la mañana y aunque por las ventanillas de la aeronave era posible apreciar un paisaje radiante inundado por la brillante luz proveniente del astro rey la temperatura era sólo de unos 25 grados Celsius o por lo menos así lo anunció el piloto responsable de haber arribado a nuestro destino. Me paré y tome mi morral así como también tomé el sombrero tejido que mi hermano me había prestado para protegerme de las inclemencias del trópico y me alisté para recibir el oprobioso golpe de calor que esperaba como bienvenida del malsano clima cálido de Valledupar, para mi sorpresa al pisar el primer escalón de la escalerilla que me sacaba de la civilización contenida en el avión para depositarme en las inquietantes y agrestes tierras del Cesar no sentí aquella opresión que anticipadamente temía sino que por el contrario me vi envuelto por una suave y tibia brisa que traía consigo el embriagante aroma de la tierra caliente, me vi abrazado por una temperatura deliciosa que de inmediato distendió mis músculos liberándolos del habitual estrés de la capitalina Bogotá, me vi arrobado por la belleza del inconmensurable paisaje en el que la sabana se extiende por kilómetros para ser interrumpida con brusquedad por las plegadas estribaciones del complejo montañoso de la Sierra Nevada de Santa Marta y de inmediato supe que aquella tierra me gustaba.

Caminé del avión a la banda transportadora del pequeño y bonito aeropuerto con el ánimo de recuperar mi equipaje cosa que no tardó más de lo habitual y subí al carro de mi compañero de trabajo para dirigirnos al hotel y aunque en el aeropuerto había descubierto que el Cesar me había caído en gracia y parecido de lo más agradable aún esperaba encontrarme con un diminuto pueblito detenido en el tiempo, casi que esperaba oír el ruido de los cascos herrados de los caballos al andar por la calle con un trote ligero y alegre, casi que esperaba ver un burro y su infinita tristeza masticando algunas resecas hebras de pasto en algún tramo de las polvorientas calles, esperaba ver a las mujeres con sus largas y amplias faldas abanicándose infructuosamente en un intento de espantar el calor mientras se dirigían al mercado en la plaza mayor pero mi ensoñación terminó cuando llegamos a la glorieta del Cacique Upar y me percaté de que ya habíamos recorrido varios metros de vías pavimentadas en buen estado obligando a mi mente a volver al presente dejando atrás esa romántica pero prejuiciosa y deformada visión de Valledupar.

Desde el momento en que el Cacique Upar me saludó con su mano en alto y hasta llegar al hotel transitando el indescifrable laberinto de vías en muy buen estado y debidamente señalizadas me encontré con una ciudad intermedia de amplias calles sumergidas eternamente en las sombras de los miles y hermosos arboles sembrados en las aceras frente a cada una de las casas que allí se apiñan, cauchos, mangos, cañahuates y ceibas entre muchos otros obsequian a los desprevenidos transeúntes con frescura bajo sus ramas, haciendo de una caminata por la ciudad una actividad placentera. Fue inevitable comparar a la pequeña pero pujante Valledupar con la inmensa y aletargada Bogotá no pudiendo dejar de observar el buen estado del pavimento y de los andenes de la primera así como la relativa limpieza de sus calles cosas que en la capital del país se han convertido en un pasado inexistente, casi en leyendas urbanas, en recuerdos de míticos tiempos en las que los más viejos creen recordar que la capital del país prosperaba… Sí, Valledupar a primera vista me gustaba…

La semana transcurrió y durante ella continué conociendo la ciudad, recorriéndola de extremo a extremo, disfrutando de la sombra de sus árboles, de la belleza de sus mujeres que resulta ser una extraña mezcla de razas, indios, negros, franceses, árabes, “costeños” y nativos de Norte de Santander, para deleite de los hombres. Pude disfrutar de su buena oferta restaurantera, degustando un delicioso “lomito alto” en el Zaguán de Mario, de una excelente mezcla de frutos del mar en “Varadero” y de un más que exquisito y abundante arroz con camarones en Ricky’s, lugares que no solo se caracterizan por su variada carta y maravillosa comida sino por la buena atención que brindan a sus clientes.

De estos tres lugares y de muchos otros que visité durante mi paso por Valledupar tengo que destacar a Varadero pues sus noches de viernes y sábado al ritmo de son cubano y viejos vallenatos interpretados con guitarra y regados por algo de alcohol que inevitablemente en alguna ocasión no deja de ser el característico Old Parr son una delicia y me permitieron reconciliarme con el género musical predilecto de la región del que descubrí que libre (y sé que muchos me tildarán de sacrílego) de la ominosa estridencia del acordeón se convierte en un ritmo placentero para los oídos que evoca en algún lugar de la cabeza las imágenes costumbristas relatadas por algún juglar.

A diferencia del acordeón las gentes de Valledupar no tienen la estridencia atribuible a su adorado instrumento y en general a los habitantes de la costa Caribe colombiana así como tampoco se caracterizan por el desenfadado y pintoresco vestir con el que normalmente se les asocia en el que abundan camisas excesivamente floridas y coloridas y en el que las medias normalmente brillan por su ausencia, por el contrario se trata de gente cordial que sabe modular el tono de su voz y en la que en la mayoría de los casos no hay el menor rastro de corronchería, se trata de personas que gustan de la comodidad y del buen vivir. Desde el barrio más humilde que quizás podría ser el 25 de Diciembre y del que me explicaron que era un barrio de invasión hasta el más exclusivo de ellos “El Novalito” (el que en caso de ser trasladado espero que se convierta en mi lugar de habitación) es evidente que la gente gusta de estar cómoda dentro de la medida de sus posibilidades manteniendo sus casas frescas y abiertas para que el viento corra por ellas disipando las altas temperaturas, es evidente que la gente es limpia y aunque el piso de su domicilio  sea de tierra siempre se ven las marcas que el paso de la escoba ha dejado en él.

La pobreza existe en Valledupar pero por lo menos no se hace evidente como la miseria a la que estamos acostumbrados en el interior del país o como la miseria de casa de palitos que siempre muestran en los barrios marginales de Cartagena (es posible que no haya llegado a esos barrios pero en realidad espero estar en lo cierto), no se ven indigentes o por lo menos no abundan ni siquiera en las noches al recorrer las céntricas calles que conducían a mi hotel me encontré con uno de ellos, curiosamente me sentía seguro en Valledupar a pesar de que sus habitantes se quejaban recurrentemente de la oleada de inseguridad y violencia que azotaba a la ciudad. Arturo Quintero Castro (y cito los dos apellidos porque los abolengos sí que son importantes allá) me explicaba que quizás la pobreza no se ensañaba con tanto vicio en los menos afortunados por la benevolencia del clima y aquella observación no me pudo parecer más acertada, para dormir basta con “guindar” una hamaca entre cualquier par de palos de los que abundan en la ciudad y sus alrededores, para comer basta con buscar un palo de mango y bajar un par de sus deliciosos frutos, para saciar la sed basta con repetir la tarea de búsqueda y recolección para obtener así limones y aunque no se trate de una vida idílica por lo menos se trata de una vida con menos hambre y frío que en otras regiones del país.

Valledupar es una ciudad bonita, ordenada y limpia en la que todo está a 15 minutos o menos de "distancia", Valledupar es una ciudad que me acogió, la gente del común con su espontaneidad y calor y la elite, a pesar de ser un círculo pequeño y cerrado en donde los apellidos aún se tienen en gran estima, con su cultura y agradable conversación pero sin importar si eran los unos o los otros creo que la ciudad me acogió como si fuera de la casa porque Valledupar es una ciudad de foráneos que llegaron a las otrora tierras del Cacique Upar en búsqueda de un mejor futuro y procuran que ningún recién llegado se sienta fuera de sus casas como una vez ellos o sus ancestros lo estuvieron. Valledupar es una ciudad moderna que no tiene nada que envidiar a muchas otras ciudades del país, es una ciudad que está creciendo y tiene un potencial enorme, es una ciudad que tiene deparado un gran futuro (si los políticos no se la roban claro está) del que realmente si las cosas se dan en mi vida me gustaría hacer parte… ¡Qué delicia Valledupar!

Postdata,
Algunas cosas que no me gustaron:
  • El desconocimiento de palabras como buenos días, buenas tardes, buenas noches, por favor y gracias al punto de que cuando son empleadas la gente se sorprende.
  • La incapacidad crónica de respetar las cebras en los semáforos.
  • La incapacidad de respetar el espacio público.
  • La enfermedad por el pito, pitan y pitan todo el día sin necesidad.
  • El desperdicio de un potencial turístico como el Guatapurí con su playa absolutamente llena de la basura que los paseantes domingueros abandonan en la rivera del río y abarrotada de ruidosas casetas compitiendo por cual hace sonar más fuerte su equipo de sonido sin importar lo distorsionado que suena. 

1 comentarios:

  1. Oferta restaurantera??? no sé si exista el término, pero prefiero usar "oferta gastronómica"!!

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