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martes 18 de octubre de 2011

Implicaciones de un Par de Refranes

Continuando con el tema de los refranes y adagios populares hay un par que ayer durante una conversación con un querido y viejo amigo surgieron, los dos teniendo en común al protagonista, no siendo otro que el todo poderoso, omnisapiente y omnipresente Dios.

Entiendo que el propósito de estos refranes es dar aliento y sostener la esperanza en aquellos a quienes son dirigidos pero una vez más me hacen pensar en la tortuosa mente y retorcido sentido del humor de “nuestro señor” Dios quien con seguridad se desternilla en las alturas riendo al seguir día a día las aventuras y calamidades de la especie humana en el “reality” que varios milenios atrás ideó para su divina entretención.

Y es que es clásico que cuando uno está bien sobado sin dinero o sin trabajo (que finalmente es lo mismo que estar sobado sin dinero) y le entran unos pesitos repentinamente o resulta un contratico por ahí algún avezado observador comulgante con nuestra causa y verdaderamente conmovido por nuestra situación arroje un “fresco que mi Dios aprieta pero no ahorca” o un “cuando Dios cierra una puerta siempre abre una ventana” con toda la buena intención del caso y con el ánimo de brindarnos el apoyo muchas veces tan necesario en esos momentos. Pero mi queja no es en contra de aquel que trae a colación tan populares y reconocidos dichos pues como ya dije, en momentos calamitosos ¿qué mejor que una palabra amiga? sino en contra de la implicación misma de tales adagios, en contra de la cuestionable benignidad de Dios y en contra de la abnegada sumisión del hombre a los caprichosos designios de una divinidad verdaderamente fuera de su alcance.

¿Por qué el señor Dios que todo lo conoce y todo lo puede se propondría hacer nuestra vida un poco más difícil todos los días? ¿Cómo una prueba de nuestra fidelidad y lealtad hacia él? ¿Cómo simple entretención? Este último caso no sería una novedad pues como lo relatan las escrituras sagradas y la historia misma a lo largo de la existencia de la humanidad e imagino que en momentos de gran tedio y modorra el Señor se ha complacido poniendo en aprietos a sus fieles prometiéndoles como recompensa la salvación eterna, para la muestra un botón:

“Abraham ve y sacrifica a tu hijo, bla bla bla…”, por lo menos aquí la historia terminó bien pues el altísimo se compadeció de su siervo cuando este ya elevaba el cuchillo mientras le decía a su aterrado hijo “fresco papito que mi Dios cierra una puerta pero abre una ventana”, y en el último momento le permitió liberar al pávido vástago de tan macabro destino pero eso sí sin dejar de pensar algo como “este Abraham sí que es pendejo y venirme a hacer caso, entonces si le digo vaya y bótese de un puente el huevón va y se lanza, jejeje”.

Y luego unos años después o siglos después, no sé, la forma en la que los antiguos llevaban el tiempo escapa a mi comprensión, Dios extremadamente fastidiado y sin nada mejor que hacer sencillamente decidió ahogar a la humanidad entera como cualquier niño que en su ignorancia traducida en crueldad se complace pisoteando las hormigas que pasan por su jardín y su pretexto para hacerlo fue sencillamente que merecíamos un castigo por ser como éramos ¿acaso no somos lo que él en su inmensa sabiduría decidió que fuéramos? ¿No será acaso que nosotros sólo somos resultado de la crianza que él nos ha dado? ¿No será tal vez que él es un mal padre? Quizás sea eso, que Dios no sea nada diferente a un adolescente irresponsable quien por una garrafal metida de patas se envaino con descendencia y aun no es consciente de la abrumadora responsabilidad que ello implica y por ello lo toma a la ligera y no ve en nosotros otra cosa diferente que una inmensa fuente de distracción.  

Y un milenio después dice “Juana ve y salva a Francia”. Esta sí que fue una broma cruel pues nuestro señor Dios primero cogió a la pobre muchachita que no había conocido una vida diferente a la de un miserable campesino en la Europa de la edad media y la puso en un altar para que conociera los horrores de la guerra y luego finalmente permitir que la asaran en la hoguera mientras que seguramente alguno de los amigos o parientes de Juana le reconfortaba desde el público asistente a la ejecución diciéndole algo como “Juana fresca, recuerda que mi Dios aprieta pero no ahorca”.

Pero es que Dios definitivamente goza del conflicto, reality sin pelea no es reality y que mejor forma de generarlo que decirle a tres pueblos diferentes que ellos son sus elegidos, sólo eso, sus elegidos, nada más, ¿elegidos para qué diablos? ¿La salvación? ¿Un crucero a las Bahamas con todos los gastos pagos? ¿Minutos gratis de telefonía celular? ¿Elegidos para qué? Pero no se lo dijo a los tres al tiempo por el contrario cogió uno por uno muy en secreto y a escondidas de los demás y les dijo “ustedes son mis elegidos” y luego los puso a vivir los unos muy cerca de los otros para ver cuál de ellos probaba ser realmente el elegido de su depravado creador… y nuevamente cuando en Israel estalla una bomba o en Palestina cae un misil uno puede darles aliento citando por enésima vez las ya trajinadas sentencias “oye tranquilo mira que mi Dios aprieta pero no ahorca, mira que pudo ser peor en vez de que la explosión te hubiera arrancado una pierna te pudo haber arrancado las dos” o alguna estupidez así…

Y bueno habrá quienes defiendan las pérfidas pilatunas de Dios alegando que los caminos del señor son misteriosos… personalmente y desatendiendo todo lo escrito hasta este punto no voy a dejar de usar los dichos en cuestión, por lo menos no el primero que es del que realmente gusto, ya que verdaderamente son una buena forma de decir “ánimo”, basta con desentenderse del significado místico de Dios aceptando la no existencia de tal divinidad y asumiendo como sabia explicación de todas las dificultades de la vida y la maldad presente en este mundo otro sencillo refrán, por cierto uno más de la cosecha de mi papá: “la vida es un mar de mierda que hay que pasar nadando y el que no sabe nadar ha de pasar tragando”, así que a tomar clases de natación…

1 comentarios:

  1. "Estas son las cosas que a Dios enfurecen y a mi me emputan!"

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