Continuando con el tema de los
refranes y adagios populares hay un par que ayer durante una conversación con
un querido y viejo amigo surgieron, los dos teniendo en común al protagonista,
no siendo otro que el todo poderoso, omnisapiente y omnipresente Dios.
Entiendo que el propósito de
estos refranes es dar aliento y sostener la esperanza en aquellos a quienes son
dirigidos pero una vez más me hacen pensar en la tortuosa mente y retorcido
sentido del humor de “nuestro señor” Dios quien con seguridad se desternilla en
las alturas riendo al seguir día a día las aventuras y calamidades de la
especie humana en el “reality” que varios milenios atrás ideó para su divina
entretención.
Y es que es clásico que cuando
uno está bien sobado sin dinero o sin trabajo (que finalmente es lo mismo que
estar sobado sin dinero) y le entran unos pesitos repentinamente o resulta un
contratico por ahí algún avezado observador comulgante con nuestra causa y
verdaderamente conmovido por nuestra situación arroje un “fresco que mi Dios
aprieta pero no ahorca” o un “cuando Dios cierra una puerta siempre abre una
ventana” con toda la buena intención del caso y con el ánimo de brindarnos el
apoyo muchas veces tan necesario en esos momentos. Pero mi queja no es en
contra de aquel que trae a colación tan populares y reconocidos dichos pues
como ya dije, en momentos calamitosos ¿qué mejor que una palabra amiga? sino en
contra de la implicación misma de tales adagios, en contra de la cuestionable
benignidad de Dios y en contra de la abnegada sumisión del hombre a los
caprichosos designios de una divinidad verdaderamente fuera de su alcance.
¿Por qué el señor Dios que todo
lo conoce y todo lo puede se propondría hacer nuestra vida un poco más difícil
todos los días? ¿Cómo una prueba de nuestra fidelidad y lealtad hacia él? ¿Cómo
simple entretención? Este último caso no sería una novedad pues como lo relatan
las escrituras sagradas y la historia misma a lo largo de la existencia de la
humanidad e imagino que en momentos de gran tedio y modorra el Señor se ha
complacido poniendo en aprietos a sus fieles prometiéndoles como recompensa la
salvación eterna, para la muestra un botón:
“Abraham ve y sacrifica a tu hijo,
bla bla bla…”, por lo menos aquí la historia terminó bien pues el altísimo se
compadeció de su siervo cuando este ya elevaba el cuchillo mientras le decía a
su aterrado hijo “fresco papito que mi Dios cierra una puerta pero abre una
ventana”, y en el último momento le permitió liberar al pávido vástago de tan
macabro destino pero eso sí sin dejar de pensar algo como “este Abraham sí que
es pendejo y venirme a hacer caso, entonces si le digo vaya y bótese de un
puente el huevón va y se lanza, jejeje”.
Y luego unos años después o
siglos después, no sé, la forma en la que los antiguos llevaban el tiempo
escapa a mi comprensión, Dios extremadamente fastidiado y sin nada mejor que
hacer sencillamente decidió ahogar a la humanidad entera como cualquier niño
que en su ignorancia traducida en crueldad se complace pisoteando las hormigas
que pasan por su jardín y su pretexto para hacerlo fue sencillamente que
merecíamos un castigo por ser como éramos ¿acaso no somos lo que él en su
inmensa sabiduría decidió que fuéramos? ¿No será acaso que nosotros sólo somos
resultado de la crianza que él nos ha dado? ¿No será tal vez que él es un mal
padre? Quizás sea eso, que Dios no sea nada diferente a un adolescente
irresponsable quien por una garrafal metida de patas se envaino con
descendencia y aun no es consciente de la abrumadora responsabilidad que ello
implica y por ello lo toma a la ligera y no ve en nosotros otra cosa diferente
que una inmensa fuente de distracción.
Y un milenio después dice “Juana
ve y salva a Francia”. Esta sí que fue una broma cruel pues nuestro señor Dios
primero cogió a la pobre muchachita que no había conocido una vida diferente a
la de un miserable campesino en la Europa de la edad media y la puso en un
altar para que conociera los horrores de la guerra y luego finalmente permitir
que la asaran en la hoguera mientras que seguramente alguno de los amigos o
parientes de Juana le reconfortaba desde el público asistente a la ejecución
diciéndole algo como “Juana fresca, recuerda que mi Dios aprieta pero no
ahorca”.
Pero es que Dios definitivamente
goza del conflicto, reality sin pelea no es reality y que mejor forma de
generarlo que decirle a tres pueblos diferentes que ellos son sus elegidos, sólo
eso, sus elegidos, nada más, ¿elegidos para qué diablos? ¿La salvación? ¿Un
crucero a las Bahamas con todos los gastos pagos? ¿Minutos gratis de telefonía
celular? ¿Elegidos para qué? Pero no se lo dijo a los tres al tiempo por el
contrario cogió uno por uno muy en secreto y a escondidas de los demás y les
dijo “ustedes son mis elegidos” y luego los puso a vivir los unos muy cerca de
los otros para ver cuál de ellos probaba ser realmente el elegido de su
depravado creador… y nuevamente cuando en Israel estalla una bomba o en
Palestina cae un misil uno puede darles aliento citando por enésima vez las ya
trajinadas sentencias “oye tranquilo mira que mi Dios aprieta pero no ahorca,
mira que pudo ser peor en vez de que la explosión te hubiera arrancado una
pierna te pudo haber arrancado las dos” o alguna estupidez así…
Y bueno habrá
quienes defiendan las pérfidas pilatunas de Dios alegando que los caminos del
señor son misteriosos… personalmente y desatendiendo todo lo escrito hasta este
punto no voy a dejar de usar los dichos en cuestión, por lo menos no el primero
que es del que realmente gusto, ya que verdaderamente son una buena forma de
decir “ánimo”, basta con desentenderse del significado místico de Dios
aceptando la no existencia de tal divinidad y asumiendo como sabia explicación
de todas las dificultades de la vida y la maldad presente en este mundo otro
sencillo refrán, por cierto uno más de la cosecha de mi papá: “la vida es un
mar de mierda que hay que pasar nadando y el que no sabe nadar ha de pasar
tragando”, así que a tomar clases de natación…
"Estas son las cosas que a Dios enfurecen y a mi me emputan!"
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