Hace varios años tuve en mis
manos unas Lecturas Dominicales enteramente consagradas al cigarrillo y si bien
no recuerdo si tocaban los puntos negativos acerca del chicote sí tengo muy
presente que los autores invitados escribían en defensa del tan hoy en día
vilipendiado vicio en forma de pitillo.
Vilipendiado con razón pues realmente
no hace falta ser un genio para tomar conciencia de lo nocivo que es el tabaco
aspirado en forma de un humo cálido que inunda la boca y la impregna con su
rico sabor para después bajar por el pecho hasta los pulmones y regarse por bronquios
y bronquiolos poniendo la tan ansiada dosis de nicotina en la sangre además de
dejar otras tantas porquerías en los esponjosos órganos atrofiándolos y
matándolos poco a poco, basta con excederse en la dosis de pitillos en una
noche de fiesta y levantarse al día siguiente con la garganta reseca, la boca
astringente y hedionda así como hediondas quedan las manos, el cuerpo, el pelo,
la ropa y todo lo que estuvo al alcance de las juguetonas volutas de humo para
entender que aunque delicioso y gratificante con toda seguridad no le hace
ningún bien al cuerpo.
No sabría cómo definir mi
adicción al tabaco pues pueden pasar varios días sin que fume un solo
cigarrillo pero debo reconocer que me gusta, realmente me agrada y cuando fumo
uno verdaderamente lo disfruto y en
muchas ocasiones cuando veo televisión o una película y en ella un personaje
fuma con deleite un pitillo ciertamente siento el deseo y la necesidad de salir
y encender uno para mí. Pero no se trata sencillamente de poner humo en los
pulmones y nicotina en el sistema, se trata de un ritual, sacar el cigarrillo,
ponerlo en la boca, buscar el encendedor o los fósforos, proteger la llama con
el hueco de la mano y acercarla al extremo final del taco, aspirar un par de
veces y encenderlo, el repetido ir y venir de la mano hacia y desde la boca,
aspirar, contener el humo y exhalarlo por boca o nariz o ambas y finalmente
aplastar la colilla en un cenicero.
Con seguridad la liberación de
dopamina causada por el efecto de la nicotina es un fuerte aliciente que opera
de manera inconsciente haciéndome desear un cigarrillo pero lo que más me gusta
es todo aquello que asocio al hecho de fumar y que seguramente no es más que
resultado de la imagen que la publicidad y Hollywood han implantado en mi
cerebro, una imagen que finalmente puede resultar ser una razón pueril a ojos
de cualquiera pero que a mí me parece motivo suficiente para ocasionalmente encender
un chicote.
Aún recuerdo los años
universitarios cuando se presentaban aquellos enormes intervalos de tiempo
ocioso entre clases en los que a veces no se coincidía con ningún amigo o
conocido con quien conversar y no había más remedio que esperar en la plazoleta
de la facultad, qué mejor compañía que un cigarrillo en la mano que en su ir y
venir decía a todos a su alrededor algo como estoy sólo porque disfruto de ello
y de cualquier forma es mejor que estar con ustedes… ¡ah! malditos publicistas.
Y es que eso es lo que nos han mostrado los otrora comunes y hoy desaparecidos
comerciales de las tabacaleras, sofisticación, actitud, irreverencia,
confianza, todo ello contenido en un sencillo tubito de unos 8.5 centímetros de
largo, basta con recordar a viejos personajes como James Dean, a las diferentes
encarnaciones de James Bond, a Uma Turman y Jonh Travolta en Pulp Fiction, a
Keith Richards, al clásico vaquero de Marlboro junto a la fogata en el
descampado, como bien lo decía una de las escritoras invitadas a aquellas
viejas Lecturas Dominicales: “el cigarrillo es sexy, incluso su hediondez lo
es, tanto que el mismo Brendan Fraser parecería interesante con uno en la mano”.
Quizás
la hediondez no sea sexy en absoluto como tampoco lo es la toz, el enfisema o
el cáncer pero realmente disfruto del ritual, del sabor, de la dopamina en mi
cerebro y de lo que, al menos en mi
(perturbada) cabeza, representa fumar… De repente algún día me desprendo del
estúpido condicionamiento y suspendo el, por cierto molesto para muchas
personas, vicio. Por lo pronto saldré al balcón de la habitación de hotel para encender
un cigarrillo y contemplar las montañas pues como Gardel alguna vez cantó:
“fumar es un placer genial, sensual…”
Después de haberme narcotizado leyendo el artículo, discrepo totalmente de todos los argumentos fútiles que plantea, aunque sólo me detendré para decir que es para nada sexy que alguien fume, y mucho menos seductor, todo lo contrario, afecta a la hora de querer impresionar, conquistar a alguien, porque no pasa desapercibido los dientes amarillos, las encías oscuras y en el peor de los casos negras, sumado al aliento desagradable. Y aun así, si la conquista avanza, que pena decepcionarlo (a) porque la situación empeora, ya que varios componentes del tabaco dañan severamente la potencia sexual, porque está comprobado que el flujo de la sangre por los vasos disminuye, repercutiendo en la que llega al pene.
ResponderSuprimirAsí que las imponentes publicidades sobre consumo de cigarrillo, deben ser revaluadas porque ya no son signo de elegancia, masculinidad, ni seducción. Hoy en día la realidad es otra: el cigarrillo daña severamente la potencia sexual, derrumbando la virilidad.
Espero que más adelante no se quejen los fumadores al ser vilipendiados por su impotencia sexual.
No concuerdo con Anónimo, pues simplemente es salir a tomarse unos tragos o de parranda acá en Bogotá y uno se da cuenta perfectamente que aunque el cigarrillo tenga toda esa infinidad de problemas, la gente sigue fumando en grandes cantidades, es más, la gente sin ser fumadora fuma pues le parece que es una moda que los hace ver más adultos, interesantes, sexys, etc. Que son unos tarados por tomar fumar un cigarrillo por simple moda?, cierto, pero desafortunadamente se ve perfectamente que el cigarrillo sigue siendo algo muy atractivo para la sociedad. Otra cosa es que las leyes estén tratando de evitar a toda costa que la gente fume, con lo que estoy totalmente en acuerdo, pero lo repito siendo un fumador ocasional, tristemente los fines de semana, en las noches, en las calles o en los bares, toman un cigarrillo para sentirse mejor, no fisiológicamente hablando, solo sentirse mejor que alguna otra persona más, sentirse confiado.
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